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Quince minutos

Tengo quince minutos. Quince minutos antes de salir a la calle y volver a rodearme de gente. Quince minutos para maquillar mis lágrimas. Quince minutos para mentalizarme. En quince minutos todo se habrá ido hasta que vuelva a la oscuridad. En quince minutos mis problemas se convertirán en logros o experiencias tontas. En quince minutos ya nada va a importar. Diez minutos, ya solo quedan diez. En diez minutos mis ropas anchas que expresan mi desconfianza cambiarán por ropa ajustada para hacer creer seguridad. En diez minutos tengo que sonreír y hablar con la suficiente confianza como para que nadie me quiera pasar por encima. En diez minutos yo seré la que vuelve a tener el control, o al menos mientras el control me deje tenerle. Cinco, cinco minutos de nada y tendré que abrir la puerta y salir. Cinco minutos para salir ahí fuera al sol que veo entrando por la ventana. Cinco minutos para recibir besos y abrazos de dos mil personas de las que no sé más que el nombre. Cinco minutos sobran para tomar una pastilla y relajarme. Cinco minutos para ser igual que el resto. Cinco minutos que pasan como dos. Llegó la hora. Salgo. Sonrisa. Saludo. Beso. Abrazo. Otro beso. Más abrazos. Tropiezo. Sonrisa. Ligero temblor. Nadie lo nota. Sigo. Más besos. Más abrazos. Más mentiras. Muero.

En cuanto no eres tú y te dejas llevar por el resto, en cuanto ya no haces lo que quieres, en cuanto ya no sigues lo que crees. Entonces, has muerto.