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Sentimientos

¿Por qué habiendo tantos juguetes en el mundo las personas eligen los sentimientos? ¿Por qué no eligen cualquier otro juguete con el cual no hagan daño a nadie al utilizarlos? ¿Por qué no eligen algo menos importante para las personas? ¿Por qué no juegan con sus propios sentimientos?
Porque hay gente que piensa que no hace daño y que al resto no le duele que les digan mentiras y les hagan falsas promesas. Porque hay personas que todavía no se han enamorado de alguien que no le correspondía. Porque hay individuos que no conocen los celos, la decepción y la vergüenza. O tal vez, lo saben, lo han sufrido y se sienten mejor haciéndoselo a otras personas como les hicieron a ellas

Cambios

Yo lo estoy sintiendo. Siento como cambio, como cada día soy más diferente al anterior. No sé si voy a mejor o a peor, pero sé que cambio. Noto como no soy la misma que hace un año, no soy aquella chica que se creía todo lo que le decían asintiendo con la cabeza, no soy la misma con las que se enfadaban por tonterías y que lloraba desconsolada, no soy la misma que aceptaba las cosas como se las dabas. Ahora sé como son las personas a mi alrededor verdaderamente, sé las que me mienten y las que me son leales. Ahora puedo ver los problemas que son pequeños y que no merecen la pena, y los que realmente preocupan, y no lloro ante ellos sino que los afronto. Ahora quiero cambiar las cosas porque no las veo justas, no las veo iguales para todos y no las veo realistas.
Puede que haya perdido mucha alegría a simple vista, pero tal vez es porque estoy con las personas que no debo, porque si me encuentro cómoda vuelvo a tener toda esa algría. Puede que me haya vuelto más irresponsable, pero me he dado cuenta de que quiero vivir la vida, porque si no la vivo ahora no sé cuando la viviré.
Pero no sabeis en qué no he cambiado, porque es algo que nadie ve. No he cambiado en cómo me siento cuándo alguien me mira mal, ni he cambiado en cómo me siento cuándo alguien que me importa me habla mal. No he cambiado

Lavadora de amor

Lo he estado pensando y si tuviera que poner un sinónimo materialista de amor creo que sería lavadora. Sí, lavadora, de esas que giran, limpian la ropa y pierden calcetines. De esas que cuesta aprender a usarlas al principio y que solo sabes usar la tuya. Y si el amor es una lavadora, ¿qué somos nosotros? Calcetines. Después de darle dos mil vueltas a la idea he decidido que somos como calcetines. ¿Explicación? Claro que sí.
Cuando nacemos somos inocentes y no hacemos nada, no formamos parte de nada, como un hilo que aun no se ha usado. Con el tiempo vamos aprendiendo, sintiendo y formándonos como personas, unos serás más alegres, otros más tristes, unos más gordos, otros más finos. El hilo con el tiempo forma parte de un calcetín que puede ser de colores, liso, deportivo, elegante, más gordo o más fino. A medida que pasa el tiempo nos enamoramos, creemos que alguien podría ser perfecto para nosotros. El calcetín encuentra su par y van a todos los lados juntos, hasta entran y salen juntos de la lavadora. Un día la relación se empieza a complicar y lloramos, ha habido problemas y se atisba un final. En un giro de lavadora los calcetines se separan y ya no se ven hasta que uno de ellos se va por un agujero y nunca vuelve. La relación acaba. Nos sentimos solos y nos apoyamos en cualquiera que nos entienda y nos anime. El calcetín cae al fondo de un cesto con otros que también han perdido su pareja. Los días pasan y nos conformamos con otros hasta el punto en el que llegamos a creer que la primera persona no era la correcta o descubrimos que no lo era realmente. El calcetín sale del cesto y va a todos los sitios con otros diferentes a él, se conforma.
Sonreía a pesar de no tener motivos. Siempre pensó que la esperanza era lo último que se perdía y eso le ayudaba a seguir luchando por lo que quería. Nunca habló por miedo, le temía tanto a su pasado que ya no se permitía confiar en nadie. Descubrió demasiado pronto que nunca se podía conocer a alguien del todo pero aún así siempre esperaba que la hiciesen cambiar de opinión. Su almohada era la única que sabía todo lo que lloraba por las noches desde aquel momento. Ella, que siempre fue de besos y abrazos, pasó a ser fría como hielo, pero siempre con su sonrisa. Llegó a pensar que la culpa era suya y que había hecho algo mal a pesar de las evidencias. Contestaba siempre que estaba bien, aunque si alguien le hubiese hecho la pregunta una segunda vez hubiese roto a llorar.